Biografía de Hermana Bárbara Ford

Bárbara Ford, nació el 26 de julio de 1938 e ingresó a la congregación de las Hermanas de la Caridad de Nueva York en 1956. Realizó estudios en la Universidad Mount St. Vincent, donde obtuvo su grado de Licenciada en Arte e Historia; en St. Clare´s Hospital School de Manhatten en Nueva York obtuvo el título de Enfermera con especialización en Genecobstetricia.

Como religiosa se entregó al servicio de los demás, destacando su entrega como:

  • Directora de una Escuela en las Bahamas
  • Coordinadora de Educación y Enfermera en el Baby’s Hospital Columbia Presbyterian de New York
  • Colaboradora en programas de salud pública en el altiplano de Perú
  • Enfermera de enlace en el Lincoln Hospital, para el área del South Bronx, N.Y., trabajando de forma específica con personas pobres.

 

Motivada por su profundo amor al prójimo, y el deseo de servir como Misionera fuera de su país natal, llegó a Guatemala en abril de 1978, apoyando en programas de salud para la Diócesis de Sololá, en la región del Novillero, Nahualá y Santa Catarina Ixtahuacán, siendo precursora del Programa de Salud Comunitaria a través del cual formó Promotores de Salud e instauró una clínica con el apoyo de la Diócesis de Spokane, de Washington, beneficiándose muchas personas víctimas del conflicto interno armado para que pudieran enfrentar las injusticias y el terror de la época.

En abril de 1989 se traslada a la Diócesis de Quiché, específicamente en el municipio de Chichicastenango, cantón Chupol, zona muy peligrosa que estuvo controlada por los patrulleros y otros organismos de seguridad del Estado para detener el avance de la guerrilla.

El peligro no detuvo el accionar de la Hermana Bárbara, su enfoque fue el de ayudar a formar y consolidar la Comisión Diocesana de Salud. Su anhelo de contribuir a transformar la situación de salud de los más pobres, marginados y necesitados, la empuja a ampliar la cobertura geográfica y las áreas de trabajo, todo con ayuda de otros agentes de la pastoral, poniendo en marcha el Programa de Formación de Salud, Agua Potable y Letrinización, y Salud Mental, de la Subcomisión de Salud de Cáritas Pastoral Social de Quiché.

El empuje de la Hermana Bárbara hizo que creciera el trabajo de Pastoral de la Salud en cantidad y calidad, buscando educar y crear conciencia crítica de la realidad. 

 
Su gran pasión fue el Programa de Salud Formación, donde contribuyó a formar Educadores de Salud Integral, con el objetivo de transformar la enfermedad, dolor y muerte dejados por los efectos del conflicto interno armado.
 
Su otra pasión fue el Programa de Salud Mental, a través del cual trató de buscar consensos que ayudaran a sanar las heridas del “alma” generadas por este conflicto armado. Fue a través del acompañamiento, antes, durante y después de los procesos de exhumación de víctimas del conflicto, los talleres de formación para Multiplicadores de Salud Mental y su trabajo con mujeres, hombres y niños, que consolidó ese amor que desbordaba todas sus actividades, lo cual se demuestra en todo su accionar e incidencia en procesos tales como:
  • Coordinación de Jornadas Médicas
  • Colaboración con el Programa de Asistencia a Víctimas de la Violencia, específicamente en el área Ixil
  • Cofundadora del Consorcio de Salud Mental del Quiché
  • Coordinadora de la Pastoral de Salud de la Diócesis de Quiché durante siete años
  • Miembro de la Comisión Diocesana de la Pastoral Social y el Consejo Diocesano de Pastoral
  • Cofundadora de la Asociación Servicios Comunitarios de Salud (ASECSA)
  • Fundadora de la Asociación Utz K´aslemal de Salud Mental Comunitaria
  • Coautora de la Guía de Salud Mental, y de la Guía de Arte y Salud Mental para Niños; y de la Guía Curricular para la fase de capacitación de Educadores de Salud Mental.

En el año 2001, su vida fue segada al ser asesinada en la ciudad capital por jóvenes que pretendieron “robarle el carro”, viajaba a la ciudad para gestionar proyectos para el bien comunitario.

La muerte de la hermana Bárbara Ford ha quedado en la impunidad. Su recuerdo vive para siempre ya que fue “una mujer transformadora, que luchó por la verdad, que descubrió a Dios que sufre en los demás, en las mujeres, hombres, niños y niñas”, “las personas que fueron beneficiadas por sus acciones, nunca van a olvidar lo que gracias a ella han logrado, en qué se han convertido, quiénes son, la vida que ahora llevan”.

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